jueves, 29 de julio de 2010

Al calor del las nubes


Las luces se encendieron. Parecía que alguien te esperaba. ¿Recuerdas?. Saltaste de la impresión. Tus pupilas se dilataron tanto que parecían un vinilo. Fue gracioso. Finalmente, resultó que estabas solo, ni contigo mismo porque hace mucho tiempo perdiste tu alma, o sea que no estabas solo con tu alma... jajajaja... ¿entendiste el chiste?... bueno, nunca he sido bueno para el humor, siempre termino por aburrirme a mi mismo.
Fue un día estupendo. Gris, frío, como alguna vez imaginamos que sería Londres por la mañana, sólo que pagamos el desayuno en pesos. El café estaba muy cargado, y la infusión muy verde, pero aún así terminamos con todo. Algo ligero, claro está. Tienes muchos padecimientos y te prohibieron muchas cosas. Sí, esos malditos de bata blanca... no... no los Doctores, los médicos.
En fin. ¿Recuerdas? la mujer de cabellos negros y largos te recibió con una sonrisa en el cuarto. Después de un largo sueño, siempre puedes regalarle una sonrisa a alguien, creo yo.
Por la tarde, saliste de casa sin decir a dónde ibas. Yo siempre pensé que salías con alguien. Un amigo o un primo o hermano, tal vez, pero no. Salías a pensar, como si eso requiriera mucho esfuerzo. Sólo piensas en algo pequeño y de repente se convierte en un monstruo que no puedes controlar y te lleva a hacer las cosas más idiotas que puedas imaginar, como enojarte o llorar por un viejo recuerdo.
Al terminar la tarde, el cielo se despejó un poco, ¿recuerdas? y el cielo se tornó de un naranja esplendido. Te encontré mientras pasabas frente a una plaza y te pedí que me compraras un helado. No me gustó porque estaba muy frío, así que sacrificaste tu intolerancia a los lácteos y lo comiste... jajajaja... fue gracioso ver tu cara iluminada por el calor del cielo, tenías los ojos como de camaleón. Ahora sé que no era tan gracioso, de verdad te hacía mucho daño el helado de yogurt...
Sí, fue un día glorioso y como buen día, terminé empapado de mis propias lágrimas, ¿recuerdas? No eras tú quien estaba solo... en realidad, era yo quien hablaba y reía solo...

... que corrompen...


... que te duele, que te quema, que te hace trizas, que no puedes con ello.
Eso es lo que pasa después de un sueño, bueno o malo, pero sueño al fin; los sentimientos te duelen, te queman, te hacen trizas... simplemente, no puedes con ellos y terminan por corromperte.
¿De qué están hechos? Tema de muchas películas, libros, canciones y cuentos, pero no importa, en realidad no tiene importancia. Los recuerdas, los vives (en el mejor de los casos), los exageras, le agregas cosas que te hubieran gustado que pasaran al contarlos; por eso, muchos de ellos no son más que mentiras. Pero los "reales", los bellos, los que perduran, son los que te duelen, los que no quieres contar, los que te dejan cicatrices de quemaduras, los que te hacen trizas, con los que no puedes lidiar al recordar. Sean buenos o malos, sueños al fin.
Tu mente lo hace de a poco. Días, semanas, tal vez meses, o quizás años. Sentimientos acumulados; corajes atravesados, celos estúpidos, hambres de otros días. Todo ello es parte de un tú, parte de ti, de tu basura, de tus desechos, de aquello que a veces reciclas con "ucronías".
Los bellos, los horribles, los que queman, golpean, hacen pedazos tu alma, los que cuentas sin querer y aumentas de emoción, son los verdaderos; que endulzan, que hieren, que gustan... que corrompen...

sábado, 17 de julio de 2010

Y... ¿qué hay con eso?


El día comenzó normal. Se levantó a la hora de siempre, desayunó lo de siempre, se bañó como siempre y se vistió como de costumbre. El tiempómetro marcaba las 12 menos 10, el tiempo perfecto.
Salió sin ningún contratiempo. Los compases de un ritmo muy bailado en los 70´s resonó en su cabeza como una cubetada de agua de limones recién cortados. Abordó lo que sería su deleite de ese maravilloso día nublado. 40, 50, 60 y 80 y más... y... ¿qué hay con eso?.
Sus viejos tenis tocaron el pavimento ya encharcado, un nuevo destino a perseguir, un nuevo futuro en cada paso empapaba sus oídos. 180 voces, tal vez más. Imágenes sin inhibiciones. EEUU, Nipon, Catay, México... todo es igual... y... ¿qué hay con eso?.
Caminó el recorrido habitual, conocido ya. El tiempo medido para cada rectángulo. Llegó. 30, 40... ¿cuántos más?... qué importa, son miles, millones y más. El ritmo se distorsionó de a poco... otros ritmos en sus encharcados oídos violaron su intimidad; 10, tal vez 15 y... ¿qué hay con eso?.
Más 13 minutos. Olores le abrieron el pensamiento. Un viento frío lo golpeó en el rostro, agradable, pero innecesario. 40 más y ya estaba donde debía. Agua salada brotaba de sí. Salada, pero dulce a su gusto. 2400 más y emprendió el regreso... lo mismo hasta los primeros charcos de izquierda a derecha. 40, 50, 60 y 80 y más... 180 ruidos, tal vez más... 1, 2, 3 veces con la boca bien abierta... 4, 5, 6 y no más... ¿qué más da?... ¿qué hay con eso?.

jueves, 15 de julio de 2010

Hasta entonces...


Y así fue como Saúl regresó al mundo real. Por muchos años se dejó llevar por espectros, por personajes que parecían salidos de una novela del Nobel colombiano.
Su vida nunca fue lo que él espero. Ese día llegó sin aviso, como el beso de un amante mientras se duerme con el sueño retrasado de tanto jadear: improvisado, cálido, húmedo, lleno de mil sentimientos en medio cuarto de gota de sudor. Se despertó con una gruesa capa de polvo en los párpados, con huellas digitales de desconocidos por todo el cuerpo; dos, tal vez tres almas compartieron sus primeros momentos de vida, cuando se encontraba enredado en sabanas regaladas.
Así fue como Saúl regresó al mundo real: improvisadamente, cálido, húmedo y lleno de vida. Se quitó el polvo de los párpados, limpió las huellas digitales de su cuerpo y se lanzó al mundo real, un mundo que él ya no conocía...

Tres canciones y una carta sin aviso...



Comencé a esperar a que el círculo se detuviera para dejar de comenzar la espera y terminar de comprender. Soñé mirando la calle, contemplando el paso desganado de los que pretenden caminar esperando a que avance sesenta y se mueva hacia otro lado. Dejé que todo circulara normalmente, las copas a la tierra, lo mojado al naranja, las plumas a las paredes y del centro hacia arriba y a la izquierda en vueltas infinitas. Discerní del pensamiento mismo de que un cuadro debe ir en el muro y que si un vaso está vacío es porque alguien ha probado el éxtasis dulce y amarga ausencia. Tomé las manecillas y las puse en tu boca. Cada vez que las abras correrán más aprisa y los pasos se detendrán cada vez. Terminé con el movimiento diestro calcado a mi espera y comencé de nuevo…