
Y así fue como Saúl regresó al mundo real. Por muchos años se dejó llevar por espectros, por personajes que parecían salidos de una novela del Nobel colombiano.
Su vida nunca fue lo que él espero. Ese día llegó sin aviso, como el beso de un amante mientras se duerme con el sueño retrasado de tanto jadear: improvisado, cálido, húmedo, lleno de mil sentimientos en medio cuarto de gota de sudor. Se despertó con una gruesa capa de polvo en los párpados, con huellas digitales de desconocidos por todo el cuerpo; dos, tal vez tres almas compartieron sus primeros momentos de vida, cuando se encontraba enredado en sabanas regaladas.
Así fue como Saúl regresó al mundo real: improvisadamente, cálido, húmedo y lleno de vida. Se quitó el polvo de los párpados, limpió las huellas digitales de su cuerpo y se lanzó al mundo real, un mundo que él ya no conocía...
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